La eólica teme el fracaso de las subastas que prepara Industria

La eólica teme el fracaso de las subastas que prepara Industria

La puja parte de un retorno de la inversión un 40% inferior a la actual

  • Las condiciones de la convocatoria no hacen rentable la inversión
  • Industria busca ahorrar dinero al sistema en las futuras plantas

La eólica teme el fracaso de las subastas que prepara Industria

Parque eólico de Peñaflor de Hornija (valladolid). (Efe)

Tras analizar la propuesta de real decreto por el que establece la convocatoria de sendas subastas de 500 MW de eólica y 200 MW de biomasa, así como la orden que la desarrolla, fuentes del sector consideran que, al menos la relativa a la eólica, podría quedar desierta total o parcialmente. En este caso, el concurso va dirigido a nuevos emplazamientos y a la renovación (o repotenciación) de aerogeneradores. Concretamente, se subasta el valor de la inversión por cada megavatio instalado.

Aunque en teoría se trata de una buena noticia, pues es la primera potencia que se instalaría tras la moratoria renovable decretada por el actual Gobierno a principios de 2012 y la primera vez que se recurre al mecanismo de subastas para nuevas instalaciones incluido en la reforma eléctrica, el pesimismo ha cundido entre las empresas tras estudiar las condiciones de la puja.

Varias son las razones del desánimo. Aunque se parte de una rentabilidad del 7,4%, esta se obtendría con una inversión de 1.100.000 euros/MW (esta es la cifra de partida de una subasta descendente) y 3.200 horas de funcionamiento al año, cuando es raro el parque eólico que funcione tantas horas. Según calcula la Asociación Empresarial Eólica (AEE), el retorno a la inversión sería de 40.000 euros/MW, un 60% inferior a la de los parques instalados en 2013 y 2014, ya con la reforma. Por otro lado, el capex, o inversión inicial de capital, es un 20% menor y los costes de explotación, otro 21%, mientras que las horas medias de funcionamiento resultan un 52% superiores.

Según fuentes empresariales, “no es creíble que hayan bajado tanto los costes de las máquinas, que suponen un 85% de la inversión, en un mercado que ha estado parado” (el año pasado solo se instalaron 24 MW). Teniendo en cuenta que se trata de una subasta descendente, estos cálculos hacen pensar en un fracaso total o parcial de la subasta, “aunque siempre podría haber alguien dispuesto por razones no económicas”, añaden las mismas fuentes. La subasta podría resultar rentable para las repotenciaciones, ya que en este caso la inversión no es tan elevada.Aunque tendría el mismo problema con el número de horas de funcionamiento.

Hay quien cree que habría sido más barato mantener la retribución a algunos parques eólicos que todavía son eficientes en lugar de pagar para sustituir los aerogeneradores

Suponiendo que finalmente se convoquen las subastas, otra duda muy extendida, sobre todo, tras el fracaso del concurso canario, Industria parece no haber tenido en cuenta que el nuevo sistema retributivo de las renovables funciona por periodos de seis años: en el primero se ha garantizado una rentabilidad que a partir del séptimo año podría ser modificada. Un riesgo que dificulta la financiación de nuevos proyectos.

En este sentido, la AEE indicó ayer en una nota de prensa, que los inversores interesados “desconocerían la rentabilidad de sus proyectos más allá de los primeros años, lo que aumentaría exponencialmente el riesgo de la inversión”. Esto, “unido a las crecientes trabas administrativas, complica la situación y no contribuye a que se recupere la confianza”, señala. Tras criticar que la subasta se ha diseñado al margen del sector, esta asociación se muestra dispuesta a trabajar para mejorarla.

Por otro lado, según un experto, Industria utiliza previsiones de precios ilusorias: 49,75 euros/MW para 2016 cuando los mercados de futuros no pagan más que 45,70 euros/MW y unos costes de desvío de la eólica de 0,60 euros/MWh cuando el coste medio en los últimos años ha sido superior, 1,2 euros/MWh.

Más allá de una medida electoralista, la convocatoria, de fecha desconocida, se interpreta como una defensa de Industria frente a Bruselas, a la que quiere demostrar que las inversiones no se han paralizado, y de cara a la multitud de pleitos contra le reforma. Tampoco falta quien se pregunta si no hubiera sido más barato mantener la retribución a algunos parques eólicos que todavía son eficientes en lugar de pagar para que sustituyan los aerogeneradores.

Malestar fotovoltaico y beneficio para Hunosa

El anuncio de la convocatoria de una subasta para adjudicar el nuevo incentivo renovable (que sustituyó en 2013 a las antiguas primas) a 500 MW de eólica y 200 MW de biomasa, ha causado un profundo malestar en el sector fotovoltaico, que ha quedado fuera de la convocatoria. Fuentes del mismo consideran que se trata de “una cuestión personal, dada la manía persecutoria que siempre ha mostrado el secretario de Estado de Energía, Alberto Nada, hacia esta tecnología”.

Las fotovoltaicas no entienden esta exclusión cuando resulta “más barata que la eólica”. Y creen que el Ministerio de Industria podría haber hecho convocado una subasta general o, como la denominan, “tecnológicamente neutra”.

En el caso de la subasta de 200 MW de biomasa, esta puede beneficiar a Hunosa, la empresa pública que inició hace más de un año su incursión en este negocio. Concretamente, la hullera ha invertido 41 millones en una central de biomasa en Mieres de 50 MW. Esta podría pujar por un incentivo del que ahora no disfruta.

Por su parte, el secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal, abogó ayer por construir nuevas plantas, aunque “con cabeza” y “el menor coste para el consumidor eléctrico” y el mayor “efecto arrastre” sobre la economía, informa Efe. Y subrayó la necesidad de que la nueva potencia se asigne mediante “concurrencia competitiva” para abaratar el coste. En la Península “hay que introducir renovable donde tenemos más capacidad de ganar eficiencia”, como la renovación de equipos eólicos, o donde hay “gran posibilidad de crecimiento” como la biomasa. En todo caso, añadió, la retribución y la regulación tiene que ser “flexible” para adaptarse a los cambios tecnológicos.

 

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Fuente:  Cinco Días 

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