La idea para paliar la sequía que se quedó en un cajón

La idea para paliar la sequía que se quedó en un cajón

Hace 18 años Vázquez-Figueroa diseñó una desaladora con central hidráulica reversible. En 2006, Narbona tumbó su idea y optó por hacer otras instalaciones cuyo agua los agricultores apenas pueden permitirse.

image_content_7733605_20180120003402

El escritor Alberto Vázquez-Figueroa, en el despacho de su casa madrileña / Alberto R. Roldán

Llevar agua de mar a una montaña cercana que tenga unos 500 metros de altura, desalarla y al propio tiempo vender en «horas punta» la energía más barata de la que se compró en «horas valle» proporcionando estabilidad al sistema eléctrico. Así es como puede resumirse la Desaladora con Central Hidráulica Reversible que diseñó Alberto Vázquez-Figueroa.

Desde aquella idea, «en la que sólo apliqué la lógica» han transcurrido 18 años, tiempo en el que todo lo que ha ido aconteciendo le ha dado la razón.

Los gobiernos israelí, sirio y jordano, sir Edmund Rochschidl, Miguel Arias Cañete y Zapatero, entre muchos otros, se interesaron por su idea. Vázquez-Figueroa nos enseña los contratos que firmó con el PP y las cartas de Rochschidl a varios presidentes de gobierno, así como la posterior carta que le mandó Zapatero fechada a 15 de junio de 2004. En ella le relata que el estudio del proyecto va a llevar más tiempo del previsto, refiriéndose a una conversación que tuvieron cuando en Lanzarote, Vázquez-Figueroa le presentó al director de cine Bernardo Bertolucci.

Era lógico que este sistema despertase interés y continúe haciéndolo en un país que periódicamente sufre sequías severas y con el cambio climático como telón de fondo. Una sequía que este año ha sido y sigue siendo extrema, porque, a pesar de las últimas lluvias, los embalses están al 41,1% de su capacidad: 23.065 hm3, 10.000 menos que la media de los últimos diez años.

Con el sistema de desalación actual, los agricultores «pagan 0,56 euros por metro cúbico de agua para regadío», explica Andrés del Campo, presidente de la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore). «Para reducir el coste –prosigue–, suelen mezclar el agua desalada con agua de otras fuentes (regenerada, superficial, subterránea, etc.) y así logran reducir el coste a unos 0,37 euros. Aun así, estamos hablando de un precio muy alto que la convierte en un recurso inviable».

«Calculo que el precio máximo asumible para la agricultura podría estar en unos 0,30», añade Del Campo, que se muestra prudente sobre el invento del escritor: «Sobre papel parece buena idea, habría que analizarla en la práctica porque se necesitan una serie de condicionantes geológicos». Vazquez-Figueroa no opina así, aunque admite que si no hay montaña cerca, no hay nada que hacer, pero que «en casi toda la costa española hay montañas por lo que se han seleccionado 32 puntos idóneos, incluidos Mallorca y las Islas Canarias, donde la Universidad de La Laguna ha diseñado una planta desaladora AVF para abastecer el sur de Tenerife».

Con este sistema «el m3 de agua le costaría al agricultor 0,08 euros sin que estuvieran obligados a comprarla todos los días. Saldría por lo menos siete veces más económica y se puede reducir su precio (hasta los 0,05 euros) dependiendo de la cantidad de energía que se devuelva a la red».

¿Por qué es posible? Porque mientras las desaladoras tradicionales consumen energía todo el día, la de presión natural sólo la consume en «horas valle» para subir el agua al depósito de la montaña. «También se puede subir con molinos de viento tradicionales que son mucho más baratos y prácticos que los aerogeneradores y trabajan con poco o mucho viento. Todo el agua que suban es energía gratuita».

La idea para paliar la sequía que se quedó en un cajón

Cuando el agua de mar se encuentra en lo alto de la montaña se pueden hacer dos cosas; la primera opción es desalarla mediante ósmosis inversa por presión natural aprovechando la diferencia de altura. De ese modo el 45% se convierte en agua dulce y la restante en salmuera (agua hipersalina), La segunda opción es dejar caer el agua devolviendo energía en «hora punta», tal como hacen actualmente las centrales hidráulicas reversibles en ríos y pantanos. De ese modo se produce agua según la exija el agricultor o se devuelve energía eléctrica –un 6% menos que la cantidad que se utilizó– pero en las horas que más se necesita. En cuanto a la salmuera, se recoge en un depósito y al mezclarla con la empleada para producir energía se consigue que su concentración se reduzca a 37,5 gramos, frente a los 36 que tiene el agua marina.

En el estudio de viabilidad Vazquez-Figueroa y el Gobierno del PP gastaron siete millones de euros. «Lo más caro ya está hecho». La central del Poniente de Almería que produciría 60 hm3 anuales costaría 212 millones de euros, incluido el IVA. Una inversión que se amortizaría en seis años». No lo dice él; nos enseña el estudio que hizo la Escuela de Ingenieros de la UPM. «La conclusión de ese informe es que si se hicieran varias desaladoras del mismo sistema la curva eléctrica nacional se aplanaría de forma considerable con lo que España ahorraría unos 15.000 millones de euros en energía».

A pesar de los estudios favorables en los que los mejores ingenieros de Tragsa emplearon seis años, en «julio de 2006 el BOE publicó que no se podían construir este tipo de instalaciones porque se podían electrocutar las gaviotas». «Fue firmado por la entonces ministra Cristina Narbona al tiempo que creaba la empresa Acuamed, que se ha hecho tristemente famosa por su inaudito grado de corrupción». A continuación Narbona se gastó casi tres mil millones de euros en desaladoras tradicionales pero de las 50 previstas tan sólo se terminaron seis que trabajan al 10% de su capacidad y a un coste inasumible».

«Como técnicamente no podía atacar el sistema, la ministra alegó ese disparate pese a que una gaviota no se puede electrocutar si no existen cables eléctricos en el exterior». «Que firmara algo sabiendo que era falso en el BOE y no le castigaran por ello, sino que acabara siendo la presidenta de honor del Partido Socialista fue lo que me cansó. Había perdido 3 millones de euros, me había costado muchas burlas, e incluso el acoso por parte de Hacienda. Tiré la toalla». «No obstante, los estudios están a disposición del Ministerio, al menos cinco plantas se podrían empezar de inmediato, y trabajando a doble turno en menos de un año se empezaría a solucionar el tema de la sequía en las costas. Con ello las aguas de los ríos quedarían para el interior paliando la sequía en la meseta, que es lo lógico. Y si alguien tiene una fórmula mejor, y que no sea sacar a los santos en procesión, que se apresure a aplicarla porque pronto España acabará convirtiéndose en un desierto».

Articulo B. Tobalina

Fuente: La Razón.

No Comments

Post a Comment

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR